Ricardo Hernández Forcada
1. De las Razzias al matrimonio gay
Mucho se habla hoy de cómo la gente gay ha avanzado en los
diversos terrenos de la vida social. Se celebra la identificación de personajes
pertenecientes al colectivo LGBT (lésbicó-gay, bisexual y transgénero) en
espacios públicos, igual que como reconoce la valentía, el trabajo o la
notoriedad de un grupo especial de personas. Sólo por citar algunos ejemplos,
en el campo de la cultura podemos mencionar a Horacio Franco, flautista mexicano
de talla mundial; en política, las legisladoras lesbianas Enoé Uranga y Patria
Jiménez, quienes nos remiten al actual congresista estadounidense Barney
Franks, y al supervisor de la alcaldía de San Francisco, Harvey Milk, a quien
la revista Time califica como una de las 100 personalidades más influyentes del
siglo XX. Debemos mencionar también al actual alcalde de Berlín, Klaus
Wowereit, quien en la convención del Partido Social Demócrata Alemán
declaró: ''Ich bin schwul und das es ist gut so"1
"Soy gay y eso está
bien".
En el mundo del comercio no faltan los productos de la escena
gay que penetran en la corriente mayoritaria. Así, una serie de TV como Queer
as Folk (versión USA) fue vista por millones de homosexuales y
heterosexuales alrededor del mundo por medio de canales de paga como Show Time y
HBO. La música típica de los antros gay conquista rápidamente las fiestas bugas
(heterosexual en la jerga del ghetto gay), fenómeno que viene desde Village
People, tema del que mucha gente no sabía que bailaba una canción sobre ligues
entre hombres en el club deportivo YMCA de Nueva York, hasta el hoy conquistador
de los primeros lugares de las listas, Placebo, trío roquero británico y amo
de la androginia. Las carteleras teatrales están llenas de obras (de diversas
calidades) que abordan o incorporan el asunto, y cuya crónica ha sido seguida
en los textos compilados en el libro ¡Que se quede el infinito sin estrellas!
La cultura gay al final de milenio, editado por la Universidad Autónoma
Metropolitana. No hay sitcom (comedia de situación) norteamericano
exitoso que no aborde, aunque sea por medio de un gag, la temática gay.
Incluso, las telenovelas mexicanas han ensayado la fórmula, y en la TV por
cable se discute el punto con los sexólogos Rinna Riesenfeld y Luis Perelman, y
se hacen escenas de comedia al respecto en Válvula de escape y Desde
gayola, programas de Horacio Villalobos transmitidos por Telehit. Sin
embargo, lo más interesante de este proceso no es saber cómo un conjunto de
celebridades, de mayor o menor peso, se colocan ante la multitud. Mucho mayor
interés reviste conocer la manera en que las personas con una sexualidad
disidente logran vivir su vida y ocupan espacios sin ser señalados en razón de
la misma.
En la historia no hay garantía de progresos lineales
irreversibles. Si bien no puede afirmarse que la gente con una orientación
sexual distinta a la heterosexual hayan superado la prueba de vivir libres de
discriminación, existen ciertas muestras de un sostenido avance en todos los
ámbitos de la vida social. Y a pesar de que el tema del respeto a las diversas
formas de la sexualidad humana ha ido emancipándose de la teología, la
medicina y, finalmente, la psiquiatría, es aventurado afirmar que hayan llegado
al deseable estado de normalización en todas las esferas de la convivencia
humana. Incluso hay quien discute qué tan deseable es incorporarse a una
sociedad deshumanizada y poco solidaria como aquella en la que se inscribe el
movimiento LGBT.
No obstante, y parafraseando a Roberto González Villarreal
en Después de la liberación, como tal, el movimiento de liberación homosexual
(concepto con el que se le conocía en su inicio) ya pasó. Hizo su
planteamiento y logró sus metas iniciales, que giraban en torno a debilitar la
resistencia de una sociedad convencida de sus normas, y a la visibilidad, ya que
la primer arma de la sociedad cerrada es la negación de lo diferente. La
fórmula de la exclusión podría rezar: tú no eres así, sino que te comportas
así porque eres pecador, enfermo o simple rebelde. La cárcel, el
psiquiátrico, la terapia o la penitencia te devolverán a la 'normalidad'. Hoy
ya nadie cree en la superstición de la 'normalidad'. La redada y la inédita
resistencia a la misma en el bar Stonewall, del barrio Greenwich Village de
Nueva York, marca el inicio del contemporáneo movimiento gay, en 1969. Desde
entonces, cada junio en las ciudades más importantes se llevan a cabo actos que
son una mezcla de marcha por los derechos y un acto festivo que celebra el nuevo
estilo de vida y la ridiculización de los estereotipos. El mundo gay ha venido
reivindicando una visibilidad a veces no deseada, como la de las películas Cruising
(1980) con Al Pacino y American Gigolo (1980) con Richard Gere, donde al
lado de la ilustración de ciertos momentos y espacios de la escena gay de
finales de los años setenta y principios de los años ochenta presenta sus
caras más sórdidas en torno a casos propios del cine policiaco. Más adelante
la imagen mutó en películas de consumo comercial, como Filadelfia
(1993) con Tom Hanks y Denzel Washington, primer testimonio fílmico comercial
del servicio que el colectivo gay prestó a escala mundial en la lucha contra el
VIH, mejor narrado en And the Band Played On, (1993) una película de
culto sobre la lucha contra el sida. Es preciso mencionar la cinta In and Out
(1997) con Kevin Kline, que es el primer esfuerzo comercial no apologético ni
referente a la epidemia del VIH, film de Frank Oz que inaugura una innumerable
colección del llamado cine gay en la década pasada.
Hoy, el movimiento LGBT se debate entre la consolidación de
sus logros y el avance en una agenda que tiene mucho más de vecina con otras
causas sociales que de proyecto estrictamente particular, como lo es la lucha
por la no discriminación y la reivindicación de los derechos humanos y civiles
de todos. En la ciudad de México, hasta hace no más de 30 años la convivencia
gay era una práctica clandestina, sometida a la sospecha y a la persecución
policíaca. Después de años de lucha, de pleitos ante las autoridades de las
delegaciones, en menos tiempo del que en un comienzo se hubiera podido imaginar,
se produjo algo más que cierto cese de la represión frontal por parte del
gobierno: comenzaron a aparecer espacios diversos y alternativos.
En la actualidad, lo políticamente incorrecto es la represión, la
discriminación y la exclusión, al grado de que la palabra homofobia, entendida
como la aversión hacia las personas homosexuales, ha tomado carta de
ciudadanía incluso en los medios de comunicación. La 'redada de los cuarenta y
uno' en noviembre de 1901, de la que pueden encontrarse los relatos en los
diarios de la época en www.los41.com, y
sobre la que se han escrito diversos ensayos, como el de Carlos Monsiváis en la
revista Debate Feminista de octubre de 2001 Los iguales, los semejantes, los
(hasta hace un minuto) perfectos desconocidos (A 100 años de la redada de los
41), marca la nota dominante del trato que la sociedad de la ciudad de México,
la más tolerante del país, da a un todavía amorfo colectivo durante la mayor
parte del siglo XX: la disidencia sexual no cuenta, en la práctica, ni siquiera
con las garantías legales que todas las constituciones del México
independiente han otorgado a su población. Así, en los años setenta, algunos
gays, entonces llamados despectivamente con términos como 'lilos', se reunían
en la cafetería de Hamburgo y Niza en el DF, al lado de parejas de novios,
señores con sus secretarias y hasta familias. A determinada hora, no muy
avanzada la tarde, según cuentan quienes lo vivieron en carne propia, de cuando
en cuando aparecía la policía y cerraba el local para permitir la salida sólo
a aquellos no muy sospechosos de su conducta, señalada en primer término por
la compañía exclusiva de personas del propio sexo, hasta por los
amaneramientos o la vestimenta. Todo terminaba con las multas o sobornos
traídos por los amigos que habían corrido con mejor suerte.
Ahora se habla de una nueva generación de metrosexuales. Los estereotipos
masculinos y femeninos, así como otras barreras del género, como los
afeminamientos o la moda, pasan a segundo término. El dandy que fue Oscar Wilde
a finales del siglo XIX el poeta maldito que fue Rimbaud, o los personajes como
Tenesee Williams y Truman Capote, o en nuestro país, Salvador Novo o el grupo
de Los Contemporáneos, con su propensión a hacer de su modo de vida una
peculiaridad, van cediendo terreno a personas comunes y corrientes cuyo único
aspecto en común es su orientación sexual.
Si bien en la actualidad coexisten diversas maneras de vivir como homosexual,
desde el jovencito que, con todo y familia, celebra vestido de quinceañera su
aniversario, hasta la pareja de profesionistas que viven juntos, pasando por el
obrero que baila con travestis en cervecerías del centro de la ciudad; lo que
domina es un proceso de superación del estereotipo. El camp (la
resignificación de la realidad por medio del perreo, de la ironía, del
lenguaje en femenino y de la estilización al infinito, incluso de lo más
trivial) pasa a ser un lenguaje de batalla necesario de otros tiempos, como lo
fuera en el ghetto y la discoteca, pero ya no indispensable. Un buen número de
los jóvenes urbanos que se identifican como gays hoy se hacen preguntas sobre
su sexualidad de una manera más cercana a la de los heterosexuales, es el
despertar de la pulsión y la pasión amorosas las que generan dudas, y no más
la condición de freaks. Cada vez son más y más jóvenes los que pueden vivir
su identidad homosexual o lésbica con el conocimiento, tolerancia y, a veces,
el apoyo de sus padres. Hasta tocar con el muro de los clérigos. Como diría
don Quijote, ''con la Iglesia hemos topado, Sancho''.
En Buenos Aires, Argentina, el 18 de junio de 2003, Marcelo Suntheim y César
Cigliutti formalizaron ante la ley civil una unión que llevaba ya varios años.
Este hecho es el primer precedente en América Latina de reconocimiento legal a
las parejas del mismo sexo, el cual es bastante precario, por cierto, en el caso
porteño, y el mismo asunto del matrimonio homosexual está en debate en
diversas legislaturas, entre ellas, en la del DF. La diputada Enoé Uranga
presentó con insistencia una iniciativa de ley para establecer en México las
Sociedades de Convivencia. Ya los legisladores del PRD habían discutido el tema
en la reforma al Código Penal en la Legislatura de 1997 a 2000. En ese tiempo,
el entonces diputado David Sánchez Camacho logró otro reconocimiento legal
importante: fue pionero en penalizar la segregación por diversos motivos,
incluida la orientación o preferencia sexual, asimismo, cabildeó en la
legislatura federal para que se reconociera el derecho a la no discriminación
en el texto constitucional, reforma que pasó el 14 de agosto de 2001, y
sugirió la tipificación de las prácticas discriminatorias a escala nacional,
propuesta que sigue en el debate. Es en este sentido que el posicionamiento de
los gays en la sociedad hoy en día se hermana a la lucha por la no
discriminación de todas las personas.
La vinculación de la casua gay con la de los demás grupos expuestos a la
segregación y el entendimiento del mismo colectivo de que su mejor argumento es
el respeto a la dignidad humana, son factores que fortalecerán el surgimiento
de la hasta ahora inexistente comunidad gay, derribando, al mismo tiempo, el ya
inútil ghetto y la necesidad de notables o santones, para pasar a ser todos,
simplemente, humanos.
2. Crítica al movimiento LGBT
A pesar de su vertiginoso desarrollo, el movimiento LGBT debe
ser también objeto de crítica. Son escasos los esfuerzos de un trabajo
sistemático de revisión histórica y evaluación de los resultados de sus
formas de participación social y política.
Me permito citar a Roberto González Villarreal (2001: 15ss)
"Hace años el movimiento homosexual escribió los relatos de su
emancipación. Describió las múltiples formas de represión y hostigamiento,
denunció el terror, cuestionó la medicina y la psiquiatría: luchó contra la
norma y pugnó por una sociedad abierta; salió de los bajos fondos y se
integró a los nuevos movimientos sociales. Sus banderas fueron la tolerancia y
la transparencia.
"El movimiento a veces fue político; a veces
espectacular y muchas más cotidiano; otras fue sólo el refugio de grupos
informales. Pero nuca perdió de vista el aquí y el ahora. Nunca esperó otros
tiempos para la libertad: la utopía estaba en el presente. A veces parecía un
partido, otras una comunidad o un grupo de presión ("Derechos iguales a
lesbianas y homosexuales"). Se sintió parte de la nueva izquierda:
anunció la liberación y el socialismo. A veces los confundió y muchas más
ignoró. En ocasiones fue ideológico, otras programático, algunas religioso y
las más lúdico. Nunca arrastró a las masas, nunca fue formal, cambió
lentamente las costumbres y los comportamientos. Sobre todo fue un movimiento
cultural: modificó actitudes, lenguajes y gustos. Definió identidades. Fue
ambicioso o muy modesto, pero siempre estableció la diferencia como posibilidad
de vida individual y democrática. Fue una ambición muy bella. Pero ya
terminó.
"Hoy no sabe sino repetirse. Su trasgresión se volvió
retórica. No ha podido asimilar su fracaso político ni su éxito social.
Triunfó a costa de la política y no sabe cómo lidiar con ello, por eso su
discurso es tan pobre. Se aferra desesperadamente al pasado como fórmula de
supervivencia. Todavía quiere liberarnos, todavía lucha obsesionado contra el
poder (lo denuncia con ironías violentas y críticas agrias). Pero es incapaz
de pensar siquiera un momento que todo ya pasó. No sabe asimilar su triunfo
¡la liberación ya se realizó! ¡la revolución ganó: vivimos en la
posliberación.
"Son otros tiempos. El discurso liberador suena viejo y
acartonado. La crítica teórica y política sigue anclada en el poder. No ha
visto pasar la liberación. Se repite. Se ha vuelto un cliché, una retórica
sin imaginación y también sin agonistas."
"La teoría debe cambiar. La crítica es inútil.
Siempre estableció compromisos con el poder. Hay que hacer la crítica de la
crítica, no para fundar una nueva, sino para traspasarla…" (Roberto
González Villarreal, Después de a liberación, (2001: 15 y 16).
El éxito del incipiente movimiento de liberación homosexual
se puede identificar en las primeras demandas de las marchas: contra las razzias
y por la visibilización. Hoy día no es un uso común la razzia en las fiestas
privadas o los lugares de encuentro. En general, si llega la autoridad, no es a
impedir el desarrollo de una reunión de homosexuales y lesbianas, sino que
suelen venir bajo el argumento de revisiones administrativas a los
establecimientos, o revisiones relativas a la presencia de drogas o menores en
esos sitios.
De la misma manera, hemos pasado a una visibilización cabal.
Hace veinte años no había representación pública de los homosexuales o las
lesbianas, sino con sugerencias que pasaban inadvertidas al ojo no atento, o con
claras descalificaciones morales sociales y hasta médicas. Hoy el debate (poco
sustancioso, en mi opinión) es la presencia de lo gay en los medios a través
del cliché. De lo que cabe duda es que para la sociedad la gente LGBT existe, y
no como versión defectuosa de la normalidad, sino como personaje vigente.
Estas conquistas no han sido asimiladas de manera que sirvan
como plataforma para nuevos horizontes, toda vez que han sido escasamente
evaluadas.
Una segunda crítica se refiere al planteamiento mismo de los
objetivos del movimiento LGBT en la actualidad. En buena medida este movimiento
ha pasado de la reivindicación de la identidad gay y la resistencia al
autoritarismo a un movimiento, mundial, sí, pero con demandas en apariencia
conservadoras: tal parece que hoy al movimiento sólo le preocupa exigir el
derecho a tres instituciones conservadoras: el matrimonio, el ejército y el
clero.
Más aún, críticos al movimiento contemporáneo LGBT han
denunciado su transformación de una red de resistencia al staus quo
heterocentrísta a una franca aspiración de asimilación a la sociedad a la que
señalaba antes como represiva.
Mattilda, que en sus ratos libres se le conoce como Matt
Bernsten Sycamore, editó un compendio de ensayos al respecto que se titula
"That's revolting!" (2004). El conjunto de textos denuncia como (en
particular en los Estados Unidos) el movimiento LGBT se convertido en un
movimiento de asimilación a un modelo de vida (y de consumo) de gente blanca,
decente y correcta. Ejemplifica como en Los Angeles hoy día hay barrios
acomodados gay donde los propios vecinos gays upper class (de clase alta) llaman
a la policía para quejarse de los hustlers (trabajadores sexuales) en sus
calles.
El problema no es menor. Es de una complejidad tal que no
admite soluciones simplistas como la descalificación en bloque del movimiento,
ni la adhesión acrítica a cualquier propuesta que se presente como más
revolucionaria que ésta.
Una revisión más detallada a esas demandas en apariencia
conservadoras revelaría su carácter de reivindicación social y política- En
realidad el derecho a reivindicar es el derecho a la igualdad. Como dijo Pedro
Zerolo, "exijo mi derecho a casarme, para no ejercerlo
jamás". Parafraseando al político español, por lo pronto quiero ser igual
en derechos, así el día de mañana yo decida si me interesan en mi proyecto de
vida.
3. Formas de participación política
a) La Marcha
La marcha es la forma de participación política gay por
antonomasia. La marcha, con referencias al apoyo de la gente gay a la
resistencia a la razzia en el bar llamado Stonewall Inn en Christopher Street
del Village de Nueva York, en que la policía había irrumpido para detener,
como era su costumbre, a los parroquianos, y que en esa ocasión fue resistida a
punta de tacones por los travestís que se atrincheraron tras sus puertas. En
México tiene como referente inmediato la marcha de 1978 en conmemoración a los
oprobiosos hechos del 2 de octubre de diez años atrás, marcha que contó con
un contingente gay. Al año siguiente, 1979 nacería la marcha del orgullo
homosexual, que se celebra cada último sábado del mes de junio, en
coincidencia con la conmemoración de Stonewall.
La marcha se reviste de un carácter lúdico, por su propia
naturaleza política. La marcha tiene como modelo la resistencia pública al
autoritarismo de un orden social establecido ante un grupo minoritario: los
parroquianos del Stonewall Inn recibieron el apoyo de un grupo de personas que,
se encontraban en el East Side (la calle 81 y Madison Avenue) en el funeral de
la diva Judy Garland, con todo el peso simbólico de la cantante."
"Garland's funeral turned out to be a sort of proto-gay pride event."
El funeral de Garland se convirtió en una especie de proto evento del orgullo
gay" (http://tobyjohnson.com/stonewall.html)
La conjunción de que las primeras en dar la cara por el
movimiento de liberación homosexual, fueron las siempre visibles y nunca
miméticas mujeres drag, y el hecho de que la diva Garland esté vinculada a ese
inicio del movimiento gay, dota a la marcha de una expresión lúdica como forma
de resistencia política.
Más aún, si tomáramos como modelo el carnaval, este acto
siempre ha sido una forma de recuperación del cuerpo ante la inminente
penitencia de la cuaresma. Así el movimiento gay, con su marcha, o es una forma
política de recuperación de la soberanía del sujeto sobre su cuerpo y su
sexualidad, o no es tal. De ahí el carácter lúdico de la marcha. Un continuo
desde Michel Foucault hasta Anthony Giddens pasando por Bourdieu han
reflexionado ampliamente sobre la importancia política del cuerpo y su
recuperación erótica. Si la marcha de liberación sexual no expresa eso, es
otra marcha.
La marcha es un ente social autónomo independiente de sus
organizadores. A lo largo de los años en la Ciudad de México la marcha fue
organizada por distintos grupos del movimiento homosexual, tales como el Frente
de Liberación Homosexual (FLH), Cálamo, Lambda, Frente Homosexual de Acción
Revolucionaria (FHAR), entre otros. En los últimos años, a partir de 1997 en
que la marcha de la Ciudad de México comenzó a ser muy concurrida, pasado de
escasos 2000 participantes a alrededor de 100,000 el año pasado, no ha faltado
quien se la haya querido adjudicar. Por ello a partir de 1998, un grupo de
activistas han tomado en sus manos la necesidad de que la marcha no sea botín
de nadie (de ningún partido político, ni de ninguna empresa, ni grupo
religioso u otra organización) y que al mismo tiempo permita la participación
de todos estos. Así, el comité organizador ha intentado pasar a una instancia
de coordinación logística para permitir que todos encuentren su espacio en la
marcha. El año pasado, las gestiones del Comité organizador (permisos, apoyos
logísticos como el apoyo de Seguridad pública, ambulancias, protección civil,
templetes, sonido, etcétera) permitieron incluso la manifestación en esa misma
marcha de un grupo que cuestionó, con todo derecho, a la propia marcha). El carácter político de la marcha queda de manifiesto en sus discursos, consignas
y pancartas. El año pasado el tema clave fue la homofobia y la exigencia del
esclarecimiento del homicidio del activista queretano de lucha contra el sida,
Octavio Acuña.
b) Sociedad civil
Más allá de la manifestación pública de las
preocupaciones políticas del movimiento LGBT a través de una marcha año con
año, la manera cotidiana de participación política del movimiento LGBT
organizado transita por las organizaciones de la sociedad civil.
Desde el inicio del movimiento, se han conformado destacados
grupos y organizaciones civiles de trabajo por el beneficio de las causas y
necesidades de los miembros del colectivo y otros grupos sociales vulnerables,
como los iniciadores que ya cité, aunque no exhaustivamente. Un momento a
destacar es el de la aparición del VIH/SIDA, donde los mismo grupos LGBT se
transformaron en instancias de servicio a la lucha contra este mal, en beneficio
no sólo de la gente gay, sino de toda la sociedad: los casos de Colectivo Sol y
Ave de México son emblemáticos, entre otros. Más adelante el trabajo del
Frente Nacional de Personas Afectadas por el VIH A.C. logra en 1996 la
inclusión de los medicamentos antirretrovirales (ARV) en el cuadro básico del
IMSS. Así mismo, las gestiones de diversos organismos de la sociedad civil
organizada con trabajo en VIH/Sida, logra que el gobierno oriente esfuerzos
(presupuesto incluido) a una política pública de cobertura universal de
medicamentos ARV. Quiero insistir en que este es el momento actual de la
pandemia del VIH/Sida, en México y el mundo, un momento clave de la
participación política del movimiento gay en beneficio de toda la sociedad.
Esto nos lleva a detenernos un momento a revisar el concepto
de sociedad civil organizada, la cual no es exenta a la crítica.
Algunas de las fortalezas de la sociedad civil organizada en
general y que son aplicables a las del movimiento LGBT y de lucha contra el
sida, han sido planteadas por Jorge Osorio y lo cito a continuación:
"Con independencia de la percepción u opinión que el
resto de la sociedad tenga de él, el tercer sector hoy día:
-
Emite Juicios globales
-
Fiscaliza gobiernos
-
Crea opinión pública
-
Moviliza recursos
-
Genera redes de información.
-
Sistematiza sus prácticas.
-
Administra sistemas de gestión y producción de conocimientos. Socializa
sistemas de apreciación ética que movilizan a jóvenes y personas adultas.
-
Promueve el asociativismo voluntario.
-
Profesionaliza cuadros directivos claves.
-
Es capaz de poner en el debate político el llamado "argumento de la
sociedad civil.
-
Seculariza su ideología y transforma en un conjunto de estimativas éticas
plurales sujetas a los valores de la solidaridad. "
Sin embargo, no toda la experiencia de la participación
política desde la sociedad civil ha dado los frutos que sus fortalezas harían
esperar. Esto en parte debido a los siguientes rasgos de la sociedad civil:
-
Su trabajo no es unidireccional.
-
Es imposible reconocer una voz única.
-
"La sociedad civil, cuya acción es tan necesaria para la democracia,
también ha sido coartada para quienes pretender imponer nuevas formas
autoriatias a su medida, por ello pretenden hablar y actuar en su nombre".
-
Su carácter difuso facilita su instrumentalización
política, por parte de los partidos. Por ejemplo la marcha ha sido muchas veces
objeto de intentos de instrumentalización para fines electorales por parte de
los partidos políticos.
Dice Ignatieff: "Al activismo de derechos humanos le
gusta presentarse como un movimiento antipolítico en defensa de demandas
morales universales diseñadas ara deslegitimar las justificaciones
<<políticas>> (es decir, ideológicas o sectarias) que defienden el
abuso cometido contra los seres humanos. En la práctica, la imparcialidad y la
neutralidad son tan imposibles como la preocupación igual y universal por los
derechos humanos de todos".
c) Participación en la política partidaria.
En México, desde las candidaturas abiertamente gays de Max
Mejía, Pedro Preciado y Claudia Hinojosa a diputaciones por el Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en 1982, ha habido diversas
experiencias de participación política de la causa LGBT a través de los
partidos.
Estos intentos han tenido tres experiencias logradas, quiero
decir, personas LGBT que ocuparon una curul como personas abiertamente gays, lo
hayan revelado en campaña o ya en funciones: la diputación de Patria Jiménez
(PRD) en la Cámara de Diputados durante la LVII legislatura (1997-2000), la de
David Sánchez Camacho por el mismo partido en la I legislatura de la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal (1997-2000) y la de Enoé Uranga durante la II
legislatura en la misma ALDF (2000-2003).
Si bien tenía sentido en un momento presentar candidaturas
testimoniales que pusieran sobre la mesa los temas de las demandas del
movimiento LGBT (candidaturas de las que ha habido muchas más que las citadas)
se llegara o no a las cámaras, al lograrse la diputación, es claro que es
necesario transitar de dichas candidaturas testimoniales a las exigencias de
resultados. Hasta ahora son escasos los esfuerzos de reflexión sistemática en
torno a la valoración de los resultados de esas gestiones, y de las condiciones
que propiciaron que ciertas iniciativas no terminaran en ley. El ejemplo más
citado es el de las Sociedades de Convivencia (hay dos trabajos uno de Alejandro
Birto publicado en Debate Feminista y en Letra S www.notiese.org, que hace un
recuento de los acontecimientos y una defensa de la iniciativa sin el necesario
componente de autocrítica que requiere un movimiento social El otro es un breve
recuento de los acontecimientos elaborado por Mirka J. Negroni cuyo título es
From Movement Demands to Legislation: Organizing in the LGBT comunity in México
City, publicado por el Journal of Gay and Lesbian Social Services, Harrington
Park Pressand The Haworth Social Work Practice Press Volume 16. Number 3/4, 2004
p. 207-218.
Entre los logros de estas diputaciones podemos mencionar: Se
quitó del Código Penal Federal la homosexualidad como elemento del tipo penal
del delito de corrupción de menores en la LVII legislatura Cámara de Diputados
Federal (aunque, hay quien pone en duda la paternidad de la diputación gay en este
cambio).
En la ALDF se penalizó la discriminación por (entre otros
motivos) orientación sexual en el Distrito Federal durante la I legislatura
ALDF. Asimismo, se estableció la no discriminación como criterio del Código
civil para el DF I legislatura ALDF. En esa misma legislatura se realizó un
foro de diversidad sexual en la ALDF.
En la II legislatura se etiquetaron 5 millones de pesos del
presupuesto para ser empleados en prevención del VIH/SIDA en Hombres que tienen
sexo con Hombres.
Sin quitar mérito a estos resultados, resultan
insuficientes, y urgen a la valoración de si lo que necesita el colectivo LGBT
es un legislador LGBT, o el número de diputados o senadores que conforme la
mayoría necesaria para que las propuestas que benefician a la gente LGBT sean
viables, provengan esos legisladores de sus filas no. Las diputaciones
testimoniales resultan costosísimas en términos de resultados. Hoy más que
nunca se hace necesario un cabildeo legislativo profesional de la sociedad civil
y otros actores que apoyen esta causa. Para ello es necesario que se tengan
objetivos claros, estrategias comunes, voceros visibles identificables y
autorizados, entre otros retos para la profesionalización de este trabajo.
d) Consideraciones finales: Sobre la politización del
movimiento LGBT
Hoy en día se han cuestionado las tres formas de
participación política que he mencionado: la marcha, la sociedad civil y la
política partidista. Es clara la necesidad de evaluación de estos esfuerzos.
Sin embargo la crítica se centra en lo que se ha denominado la
"banalización" del movimiento, presentado como la ausencia de
política en la marcha; además la no representatividad de la causa en las
organizaciones de la sociedad civil vigentes; junto con la crítica a la
participación en política de partidos, por considerarla una forma de
asimilación al sistema que reproduce los patrones adversos a la gente LGBT.
En relación a la primera crítica, hemos señalado que el
carácter festivo y lúdico de la marcha es ajeno a la "banalización"
de su causa. Más aún, es expresión política de su propia naturaleza de
disidencia sexual. En cuanto a la segunda, el propio comportamiento de las
organizaciones de la sociedad civil está dando lugar a nuevas formas de
organización distintas a las ONG tradicionales, a través de colectivos y
grupos diversos (muchos de ellos virtuales) que diversifican la oferta de grupos
de interés común, los cuáles no todos tienen perfil estrictamente político.
Se corre el riesgo de nuevamente autoproclamarse vocero de un movimiento al que
aún le falta construir comunidad, agenda común, liderazgos auténticamente
representativos, etcétera. En relación a la crítica a la participación en
los partidos, tiene buena dosis de razón, sobre todo porque en varias ocasiones
la candidatura ha precedido a la agenda y todo ello al contacto con la base. Sin
embargo, lo que sería grave es, de manera simplista, descalificar esta forma de
participación en bloque, por dos razones: porque una descalificación global no
es auténticamente crítica pues adolece de los análisis finos necesarios para
un diagnóstico, y en segundo lugar por razones pragmáticas, en la
partidocracia en que vivimos el poder se ejerce a través de la vida de los
partidos. Esos que tenemos. Así pues, es preciso hacer la crítica, pero sin
"banalizarla". Hace falta además pasar de la indignación a la
acción efectiva. Para ello será necesaria la búsqueda de caminos posibles
como, puede ser el de la construcción de una agenda.
Ciudad Universitaria, México D. F., 26 de mayo de 2006.